¿Sabías que tu mandíbula podría estar hablando directamente con tu suelo pélvico? Durante años, la fisioterapia ha tratado estas zonas por separado, pero hoy la ciencia nos muestra una realidad fascinante: tu cuerpo está diseñado para funcionar como una red, no como piezas aisladas. La conexión entre la articulación temporomandibular (ATM) y el suelo pélvico es una de las relaciones más profundas, aunque menos conocidas, del cuerpo humano, y entenderla puede cambiar por completo tu enfoque del bienestar.
Un origen común: la huella embrionaria
El vínculo entre la mandíbula y el suelo pélvico se forja en las primeras semanas de gestación. Alrededor del día 15 del desarrollo embrionario, se forman dos depresiones adyacentes: una dará origen a la cavidad oral y la otra a los orificios urogenital y anal. Aunque la columna vertebral crece entre ellas, ambas regiones mantienen una conexión funcional y anatómica para toda la vida. Esta base embrionaria común establece un «plano» que perdura en la edad adulta y explica por qué la tensión en una zona puede manifestarse como disfunción en la otra.
La autopista fascial: fascia y biotensegridad
La fascia es un tejido conectivo que envuelve y conecta cada músculo, hueso, nervio y órgano del cuerpo, formando una red continua. A través de ella, la tensión se propaga de un punto a otro. Según el modelo de «Anatomy Trains» de Thomas Myers, la línea anterior profunda conecta directamente la mandíbula con el suelo pélvico, pasando por el cuello, la lengua, el tórax y el diafragma. Una mandíbula tensa por estrés o bruxismo tensa esta cadena fascial y puede generar hipertonía o descoordinación en la pelvis.
El principio de biotensegridad refuerza esta visión: el cuerpo funciona como una estructura de tensión continua en la que los huesos «flotan» en una red fascial. El suelo pélvico no es un elemento aislado, sino un eslabón más en una cadena de tensión global que se origina en la mandíbula.
Un cableado neurológico compartido
Más allá de la fascia, la conexión es también neurológica. El núcleo espinal del trigémino (que recibe información de la mandíbula) conecta con centros neurológicos que influyen sobre el núcleo de Onuf, situado en la médula espinal sacra (S2-S4), que es el centro de control motor de los músculos del suelo pélvico y del esfínter uretral externo. Esto significa que la activación de un área puede modular la respuesta de la otra.
Además, tanto la mandíbula como el suelo pélvico están inervados por el nervio vago y profundamente influenciados por el sistema nervioso autónomo. Por eso, una respuesta de estrés se manifiesta con frecuencia como tensión simultánea en la mandíbula (bruxismo) y en el suelo pélvico (sensación de «guardia» o hipertonía).
Lo que dice la ciencia: estudios clave
La evidencia clínica respalda esta conexión:
- Mínguez-Esteban et al. (2024), en un estudio publicado en PLoS ONE, encontraron una correlación significativa entre los trastornos temporomandibulares y las disfunciones del suelo pélvico en mujeres, mediada por el estrés.
- Sulowska-Daszyk et al. (2024) demostraron en un ensayo controlado aleatorizado que una sola sesión de terapia de tejidos blandos en la ATM mejoraba la relajación y función del suelo pélvico.
- Atalay et al. (2022) observaron que investigar la presencia de bruxismo en niños con disfunción del tracto urinario inferior puede ser efectivo para elegir el tratamiento.
Implicaciones prácticas para tu día a día
- Libera la mandíbula para liberar la pelvis. Relajar la lengua, separar suavemente los dientes y permitir que la mandíbula «flote» es el primer paso para desactivar la hipertonía pélvica.
- El sonido como herramienta fisiológica. Emitir sonidos graves y prolongados (como «Om», «Ahhh» o suspiros conscientes) abre la glotis y desciende el diafragma, facilitando la relajación del suelo pélvico.
- Respiración diafragmática completa, innegociable. Coordina los tres diafragmas (torácico, pélvico y vocal). Una respiración torácica alta, asociada al estrés, perpetúa la disfunción pélvica.
- Un enfoque holístico. Ante un trastorno temporomandibular, el tratamiento no debe quedarse en la mandíbula. Y ante una disfunción del suelo pélvico, no debe quedarse en la pelvis. La terapia manual, la osteopatía, la fisioterapia y la psicología deben trabajar de forma integrada, abordando el sistema nervioso autónomo, la postura y la fascia en su conjunto.
Recuerda: el suelo pélvico no es una isla. Es el ancla inferior de un sistema fascial que se origina en tu propia boca.
Referencias bibliográficas
Atalay, T., Köseoğlu, A., Unal, M., Saatçi, E. Z., & Tuğtepe, H. (2022). Investigation of pelvic floor function and bruxism in children with lower urinary system dysfunction. Oral Presentation at the Turkish Pediatric Urology Congress. bildirim.org.
Griffiths, L., Derisavifard, S., Alaiev, D., Funaro, M., Levy, M., Kreshover, J., Moldwin, R., & Bahani, S. (2021). Pelvic floor myalgia and temporomandibular joint dysfunction: A common and clinically important relationship. Journal of Urology, 206, e35–e36. https://doi.org/10.1097/JU.0000000000001965.12
Mínguez-Esteban, I., De-la-Cueva-Reguera, M., Romero-Morales, C., Martínez-Pascual, B., Navia, J. A., Bravo-Aguilar, M., & Abuín-Porras, V. (2024). Physical manifestations of stress in women. Correlations between temporomandibular and pelvic floor disorders. PLoS ONE, 19(4), e0296652. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0296652
Myers, T. W. (2014). Anatomy Trains: Myofascial Meridians for Manual and Movement Therapists (3rd ed.). Churchill Livingstone.
Stecco, C., & Schleip, R. (2016). A fascia and the fascial system. Journal of Bodywork and Movement Therapies, 20(1), 139-140.
Sulowska-Daszyk, I., Gamrot, S., & Handzlik-Waszkiewicz, P. (2024). A single session of temporomandibular joint soft tissue therapy and its effect on pelvic floor muscles activity in women—A randomized controlled trial. Journal of Clinical Medicine, 13(23), 7037. https://doi.org/10.3390/jcm13237037


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